Prácticas Artísticas de Internet: Conceptualización para el Arte en la Red.

I – Aproximación a las prácticas artísticas en la red de redes.

De frente a las obras de arte que dependen para su realización de la red y los ordenadores, los teóricos, críticos y artistas, han desarrollado una populosa constelación de nociones y categorías. Existen al menos una docena de términos para designar las prácticas artísticas que se dan dentro, o relacionadas con Internet. Por ejemplo, es posible mencionar los que siguen: browser art, hypertext-art, media art, new media art, new tecnology art, etc. Siguiendo el criterio de Ana Urroz, hemos decidido instrumentar una conceptualización que los reúna en un haz. Durante esta investigación se subsumen todas estas variantes bajo el concepto de Prácticas Artísticas de Internet, que se verá enriquecido paulatinamente con el desarrollo de las reflexiones.

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Alma Quejumbrosa

Se ha cometido un terrible error conmigo. Ni en la burocracia del otro mundo se puede confiar. Los ángeles simulan trabajar frente a sus celeste máquinas de escribir, mientras conversan entre ellos, entretenidísimos por demás, de cualquier nimiedad. ¿A quién sorprende, en ese panorama, que las solicitudes de reencarnación se confundan? ¡Y hay que verles las caras cuando se les recrimina por algún error! Te miran con esos rostros arrugados y amargos como medicinas, y se defienden tan apasionadamente que, si no te cuidas, terminas siendo tú el culpable. Lo peor es que una vez puesta en marcha la maquinaria, es casi imposible pararla. Una equivocación en una tilde, un descuido en una sola  cifra de los dos mil dígitos que tiene el número de inscripción celeste, una coma mal puesta entre dos de los cientos de nombres que un alma ha tenido a lo largo de sus repetidas encarnaciones, y allá va el espíritu equivocado a sufrir sin tasa en un destino que de otra manera le hubiera sido ajeno.

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Carta del Inframundo

A quien corresponda:

Me he decidido a dictar esta misiva porque el actual estado de cosas me ha impuesto tal necesidad. A lo largo de los siglos he notado que las fantasías y expresiones del hombre resultan tendenciosas cuando se refieren a mi persona. Pero no bastándoles con difamarme durante milenios; con circular los más atroces rumores sobre mi persona y mis dominios; con usarme de chivo expiatorio para cualquier mal imaginable; con usarme de figura negativa en cualquier película de clase B y poner en mi boca textos risibles; han usado mi imagen de manera irresponsable en South Park the Movie.  Los creadores del animado, que es además uno de mis preferidos, han considerado adecuado incluir una escena en la que aparezco (o al menos una caricatura mía aparece) sodomizando a Saddam Hussein. Es esta una ofensa que hasta yo considero intolerable. Creo que ha llegado el momento de desmentir todas esas calumnias que hombres mal intencionados han esparcido.

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Eterno Retorno

Estaba yo en aquella casona en ruinas, rodeado por un bosque brumoso que parecía no tener alma. Y estaba el terror: la aparición que me seguía a todas partes desde  el ocaso. Me espiaba desde las ventanas, surgía de las sombras, asediaba mis pasos en los recodos y cuartos vacíos.  Tenía el cuerpo deforme, cubierto de llagas pestilentes, y murmuraba algo incomprensible mientras caminaba con equilibrio de sonámbulo. Una  y mil veces hice blanco en su cabeza con mi arma. Cuando hube agotado mis municiones, recurrí a los cuchillos y al hacha. Y él caía convulsionando, quejándose en un susurro, como el rumor de la sangre que corre; pero sólo para reaparecer luego, llevando en la piel nuevas cicatrices.

Eventualmente, en aquella pesadilla sin fin, me di por vencido. Me senté a su lado y acerqué mi oído a sus labios. Las palabras llegaron entre escupitajos de sangre y ahogos:

– Sé que volveré – decía hasta el cansancio – Sé que volveré. La vida no saciará su ansia de muerte, hasta que nos halla suprimido infinidad de veces.

Esta letanía indescifrable me exacerbó más que las heridas macilentas y el humor que supuraba su carne. Le retorcí el cuello hasta que sentí los huesos crujir, y esperé… esperé su retorno.

Fiesta

Era mi cumpleaños: nada nos impediría hacer una fiesta. Le pedí prestada la casa a mi tío, que después de comer y leerme la cartilla hizo mutis. Entonces llamé a mi gente.

En pocos minutos habían llegado los incondicionales. Rubén, con el equipo de música en el asiento trasero del auto. Armando y su nueva mujer: una india con sabor, dueña de unas nalgas como corazones. También vino Saúl, y en vez de estar acompañado por alguna muchacha, traía consigo a un desconocido.

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Una Cita

Sacó la caneca del escondite detrás la cama y se dio un trago. Le gustaba el alcohol. Puso la botella en el bolsillo trasero del pantalón, cogió a Iris de la mano y salieron de la casa.

Llovía impertinentemente desde las seis de la tarde. Tuvieron que abrazarse bajo el paraguas para quedar resguardados los dos. Andar así era más difícil, pero el juego los divertía. Ella llevaba un vestido escotado y, mientras caminaban juntos, él podía ver aquellos senos contundentes como mazazos. Todo el viaje, en el asiento trasero del TAXI, estuvo amasándolos mientras la besaba.  Casi lamentó llegar al Vedado, y se consoló empinando la caneca.

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