Por qué a los artistas no les gusta el arte, y a los críticos sí

Es difícil encontrar a un artista que le guste el arte. Y cuando hablo de arte me atrevo a un equívoco, en realidad me refiero a las artes plásticas, o visuales si lo prefieres. Por alguna razón los artistas plásticos se creen más artistas que el resto. Pero de eso no trata este rant así que lo dejo de lado.

Una de las cosas que más odio es ir a las galerías con algunos de mis amigos artistas. Realmente, a veces preferiría ir con ellos al fútbol, sólo porque estoy seguro de que no saben nada de deportes y no pueden opinar. Pero son amigos y les gusta el arte, así que de vez en cuando no me queda más remedio. Especialmente cuando insisten en pagar los tragos, o tienen una botella a medio cuello en la casa. Soy una puta de alcohol… lo sé… y no me siento orgulloso de ello. Sea como fuera, a veces tengo que ir a alguna exposición con ellos, y entonces me veo en la desagradable situación de verlos criticar, denigrar, e insultar pieza tras pieza la muestra entera. En serio, es como si no les gustara el arte. Al final simplemente me quedo con la pregunta: bueno, y para que venimos entonces?

A veces, prefiero ir a las galerías con los críticos. Aunque por razones completamente diferentes. En primer lugar muchas son mujeres. Y no me acusen de sexista: simplemente me encantan las mujeres. La posibilidad, por remota que sea, de ir a una galería emborracharnos y terminar en una cama, es suficiente para mantenerme motivado por horas. A estas alturas, ni la loto logra eso. En segundo, lugar porque parecen apreciar más el esfuerzo de los otros. Sinceramente. Se da el caso de que la muchacha salga brincando en puro éxtasis por toda la galería, mojada de felicidad, mientras glorifica esta o aquella composición. Mientras, yo trato de atisbar bajo la saya. Pero eso es mejor, al menos no me amarga la noche, y de vez en cuando logro atisbar bajo la saya también.

Los artistas plásticos son jueces inflexibles, que no conceden apelaciones. Son simplemente destructivos. Aniquilan una obra con dos palabras. Las más comunes: “Eso es una pinga” (OK, son cuatro palabras entonces). Dos pasos a la derecha, próxima pieza, lo mismo… Si me preguntan a mí, la raíz de esto no es otra cosa que la vanidad, en su peor forma. Los artistas plásticos son seres egocéntricos, de una manera muy sutil; cuando es sutil, a veces son abiertamente arrogantes. Son independientes por la naturaleza de lo que hacen. Como mi amigo Ossain una vez dijo: cada uno grita su verdad desde las paredes de la galería (o algo así, no estoy seguro, sigue siendo una buena frase). Y son arrogantes por la necesidad instintiva de sobrevivir, la supervivencia los obliga a denigrar las obras de los otros. Dicho esto, permítase aclarar que a mí me encanta la gente autosuficiente. Son preferibles a la gente modesta; que se miran la punta de los zapatos durante dos minutos antes de admitir que son buenos en algo. Si tienes talento, si eres bueno en lo que haces, déjate ya de timidez y dilo cabrón!

Los críticos son mucho más cautos. Quizás porque sienten que están espiando un mundo que no es de ellos. Y pecan por exceso de benevolencia. Todo les parece bien, aceptable al menos, sino claramente maravilloso. Por eso siempre recomendé a mis estudiantes de historia del arte que aprendieran a pintar, o a hacer fotografía. Se aprende más de arte embadurnando un lienzo que memorizando el Pijoán. La diferencia se hace evidente cuando conoces a un crítico que se siente artista, o que realmente lo es. Entonces te encuentras con alguien que tiene criterio y está como en su ambiente. Ejemplo de mi colección personal, frency, con el que siempre estoy a gusto. Porque sabe de arte y de mujeres: virtudes inefables.

Hace ya unos años estaba haciendo una curaduría para un CD de poesía electrónica cubana. – Por cierto, en estos días terminé ponerlo en Kickstarter, lo puedes ver en http://www.kickstarter.com/projects/1377624283/electronic-poetry-cd-of-cuban-authors, si quieres donar te lo voy a agradecer. A ver si finalmente lo publico y lo mando para Cuba. – Pero bueno, entre los artistas y críticos que contacté estaba Lizabeth. La llamé y le propuse la idea. Ella me preguntó si quería una obra suya. Yo le respondí que prefería un artículo teórico. La decepción me llegó a través de la línea de teléfono como el corrientazo de un taser. Y no podía explicarme por qué. Lizabeth es un excelente artista. Tiene una obra llamada Cuban Fake News, que siempre me ha parecido muy buena (la analizo y describo en mi tesis de maestría, junto a la obra de todos los otros artista de renombre). Y menciono esta pieza porque yo tenía una obra parecida desde un par de años antes en la red, y la tuve que quitar, porque el éxito de la suya hacía lucir mi esfuerzo como una payasada. Por favor, no se trata aquí de quién hizo qué antes. Francamente encuentro ese tema más o menos aburrido. Me refiero al hecho, que sí considero fundamental, de que desde el punto de vista de la efectividad su obra sobrepujó a la mía hasta hacerla desaparecer de la red.

Lizabeth no quería participar en el CD como autora de una crítica, sino como artista. Esto es de alguna manera típico. El crítico se siente, desde el punto de vista psicológico, en una posición subordinada. Este es un trauma que los artista refuerzan, al tratar a los críticos como si fueran una suerte de infección, como si fueran los Zergs del Starcraft. Tanto es así que se sigue hablando de la poca importancia de las mujeres en el arte, aun cuando el 90% de las galerías que conozco las rigen mujeres y por tanto deciden efectivamente qué cosa se muestra como arte. Pero a menos que la mujer haga arte, obras físicas, visibles, tangibles, su importancia en el mundo del arte parece de poca monta. Se sigue creyendo que el pensamiento sobre el arte es posterior a la creación, un poco como en las ciencias naturales, donde la reflexión es posterior al fenómeno, cuando lo que ocurre es todo lo contrario. La pregunta que gravita alrededor de qué es el arte, determina lo que efectivamente el arte es. Y me refiero a la pregunta porque en dependencia de cómo se haga esta pregunta, en que términos y desde cual de los posibles contextos de justificación, el arte se inclina en una dirección u otra. Mientras que la respuesta es del todo irrelevante, modas pasajeras cuando mejor.

Puede ser que también haya cierto interés político tácito, no una conspiración ni nada por el estilo, pero sí una suerte de acuerdo. Una conspiración es lo que ocurrió cuando todas las mujeres inteligentes del mundo se reunieron y tomaron la decisión de que nunca más iba a tener una novia, e iba a morir solo y abandonado, de una sobredosis, en el baño de una gasolinera. Pero cuando se trata de reclamar derechos que ya se tienen, no hablamos de una conspiración, sino de sentido común. Es indiscutible que las mujeres tienen una posición subordinada en la sociedad, y en mi opinión esta situación es una de las injusticias contemporáneas más acusadas, porque afecta a más del 50% de la población mundial. Ahora bien, cuando ya se tiene una posición dominante en algún ámbito en particular, nada impide que se adopte inteligentemente la postura de víctima, lo cual le quita a tu oponente cualquier tipo de base moral desde donde argumentar. En este sentido el discurso puede ser utilizado de manera algo viciosa.

Este tipo de ilusiones por supuesto se desmonta cuando se revisa la lista de las 100 personalidades más importantes del arte contemporáneo (según la lista de Art Review). En la parte alta de la tabla, a penas hay artistas, y adivinen quién ocupa el primer puesto… Carolyn Christov-Bakargiev, que a menos que sea el trasveti más convincente que he visto en mi vida, es definitivamente una mujer. El artista-hombre, como figura central del mundo del arte, es algo del pasado. Gracias al cielo, se podría añadir. Por supuesto, no falta quien llore indignado por este cambio de acento. Por la terrible influencia del mercado y… ¿Saben qué? Acostúmbrense al mundo contemporáneo, chicos, o múdense a Camagüey, en Cuba, donde todavía se vive la feliz existencia del siglo XIX (a golpe de luz de vela y tracción animal).

Esta claro que es una lista tan arbitraria como cualquier otra, y se puede objetar blah, blah, blah. OK. Como dije antes, no aspiro al monopolio de la verdad. Francamente revisando este blog me he dado cuenta de que no estoy de acuerdo conmigo mismo. Da igual, puedo vivir con esa contradicción.

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