¿Y Bien?

– ¿Qué te parece?

– Que me hace falta otra cerveza. – Armando levantó sus casi dos metros de sólidos músculos para llamar la atención del cantinero. – Otra más. – dijo señalando el vaso con un gesto de la mano.

– Que sean dos. ¿Alguien más quiere otra? – dije yo.

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Alma Quejumbrosa

Se ha cometido un terrible error conmigo. Ni en la burocracia del otro mundo se puede confiar. Los ángeles simulan trabajar frente a sus celeste máquinas de escribir, mientras conversan entre ellos, entretenidísimos por demás, de cualquier nimiedad. ¿A quién sorprende, en ese panorama, que las solicitudes de reencarnación se confundan? ¡Y hay que verles las caras cuando se les recrimina por algún error! Te miran con esos rostros arrugados y amargos como medicinas, y se defienden tan apasionadamente que, si no te cuidas, terminas siendo tú el culpable. Lo peor es que una vez puesta en marcha la maquinaria, es casi imposible pararla. Una equivocación en una tilde, un descuido en una sola  cifra de los dos mil dígitos que tiene el número de inscripción celeste, una coma mal puesta entre dos de los cientos de nombres que un alma ha tenido a lo largo de sus repetidas encarnaciones, y allá va el espíritu equivocado a sufrir sin tasa en un destino que de otra manera le hubiera sido ajeno.

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Carta del Inframundo

A quien corresponda:

Me he decidido a dictar esta misiva porque el actual estado de cosas me ha impuesto tal necesidad. A lo largo de los siglos he notado que las fantasías y expresiones del hombre resultan tendenciosas cuando se refieren a mi persona. Pero no bastándoles con difamarme durante milenios; con circular los más atroces rumores sobre mi persona y mis dominios; con usarme de chivo expiatorio para cualquier mal imaginable; con usarme de figura negativa en cualquier película de clase B y poner en mi boca textos risibles; han usado mi imagen de manera irresponsable en South Park the Movie.  Los creadores del animado, que es además uno de mis preferidos, han considerado adecuado incluir una escena en la que aparezco (o al menos una caricatura mía aparece) sodomizando a Saddam Hussein. Es esta una ofensa que hasta yo considero intolerable. Creo que ha llegado el momento de desmentir todas esas calumnias que hombres mal intencionados han esparcido.

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Eterno Retorno

Estaba yo en aquella casona en ruinas, rodeado por un bosque brumoso que parecía no tener alma. Y estaba el terror: la aparición que me seguía a todas partes desde  el ocaso. Me espiaba desde las ventanas, surgía de las sombras, asediaba mis pasos en los recodos y cuartos vacíos.  Tenía el cuerpo deforme, cubierto de llagas pestilentes, y murmuraba algo incomprensible mientras caminaba con equilibrio de sonámbulo. Una  y mil veces hice blanco en su cabeza con mi arma. Cuando hube agotado mis municiones, recurrí a los cuchillos y al hacha. Y él caía convulsionando, quejándose en un susurro, como el rumor de la sangre que corre; pero sólo para reaparecer luego, llevando en la piel nuevas cicatrices.

Eventualmente, en aquella pesadilla sin fin, me di por vencido. Me senté a su lado y acerqué mi oído a sus labios. Las palabras llegaron entre escupitajos de sangre y ahogos:

– Sé que volveré – decía hasta el cansancio – Sé que volveré. La vida no saciará su ansia de muerte, hasta que nos halla suprimido infinidad de veces.

Esta letanía indescifrable me exacerbó más que las heridas macilentas y el humor que supuraba su carne. Le retorcí el cuello hasta que sentí los huesos crujir, y esperé… esperé su retorno.